Integridad del directivo

La Fundación de la Confederación Española de Directivos y Ejecutivos (CEDE), con quien AEDIPE colabora estrechamente y forma parte de sus órganos de gobierno, ha editado el magnífico estudio “Integridad del Directivo. Argumentos, reflexiones y dilemas”, que ha sido presentado en la sede del Instituto de Empresa Business School el pasado 18 de Octubre.
Se agradece la concisión y la claridad en las reflexiones sobre un tema potencialmente farragoso, pero que está en el centro de las preocupaciones de cualquier directivo. Aderezado con testimonios, casos prácticos muy relevantes y preguntas para la autoevaluación , se convierte en un documento absolutamente recomendable por imprescindible.
Debido a la complejidad de las relaciones económicas, el concepto de integridad no puede considerarse aislado de lo de ética, moralidad, legalidad y honestidad. Todos aportan sus matices a la hora de valorar las decisiones empresariales.
Pero la segunda palabra más repetida en el texto es la de “confianza”. Confianza no es sino la consecuencia de un comportamiento personal y empresarial que tiene la característica de previsible porque está presidido por unos valores reconocidos como aceptables.
El otro extremo de la confianza en las relaciones empresariales es la astucia, en la que ambas partes asumen el engaño, y obliga a una regulación (o vigilancia, o control) constante. Precisamente en una situación utópicamente óptima, la autoregulación presidiría los comportamientos de todos los actores.
La diversidad sociocultural, la visibilidad de las acciones empresariales, derivada del aplanamiento del mundo que genera la disponibilidad de información, y la presión generada por la crisis son los elementos que más ponen a prueba la integridad de las decisiones de los directivos.
Frente a ello, el cliente y el empleado han elevado el listón de su tolerancia, y la ley no puede ser ya el mínimo a cumplir. Esto requiere un comportamiento proactivo no ya en las resoluciones de las crisis, sino para dibujar un marco de referencia, más allá de la Responsabilidad Social Corporativa, creíble para todos los stakeholders.
En este contexto, asistimos al lamentable espectáculo de las jubilaciones millonarias en algunas empresas de nuestro país, que tanto nos escandaliza si se refiere a las grandes corporaciones americanas y que tan poco moviliza cuando nos toca de cerca.
Vuelve a ser un debate entre el corto y el largo plazo; y vuelve a ser otro tema en el que el elemento central es la credibilidad. Si esta integridad está en los valores de las corporaciones y es creíble, esto es, si todo lo demás queda supeditado a ser respetuosos con esos valores; y si las acciones del máximo responsable son también creíbles porque exige por acción y omisión cumplir con los requerimientos que esos valores exigen.
Es tan simple y tan complejo como lo resume una frase de Jordi Canals: “la confianza es una característica imprescindible de las empresas admiradas”
