En Persona 2.0

Blog personal de Juan Antonio Esteban

Archive for the category “REPASO DE ACTUALIDAD”

La Reforma Laboral, o el huevo o la gallina


El mismo día que han sido convocados por Mariano Rajoy, antes de su investidura, Cándido Méndez y Toxo han ofrecido un desayuno informativo en el Foro Europa al que he tenido la suerte de poder asistir.
Como parece que el estilo gallego se va a instalar en la política, no han sido nada explícitos ni en las intenciones ni en las expectativas con las que iban a acudir a la reunión.
Pero al menos sus respectivos discursos nos dan un indicio de por dónde pueden ir las cosas de cara a lo que puede pasar en materia de reforma laboral en los próximos meses.
Los dos han hecho un diagnóstico a mi juicio bastante sombrío de la situación. Motivos e información para ello deben tener. Vaticinando recesión, cuando hasta el sector exportador está en horas bajas, viene a decir, hay pocas barreras para la caída libre.
Tan pesimistas estaban que han anunciado que están dispuestos a hablar con un gobierno de derechas sobre reforma laboral sin líneas rojas. Nada convencidos de que sea necesario hacer cambios en el marco laboral ni en la negociación colectiva, han dejado caer que por ellos no va a quedar.
Anuncian que están dispuestos a prorrogar el acuerdo que permite la moderación salarial (a ver si sus organizaciones lo aplican) a cambio de políticas de contención de precios en energía, alimentos, transporte público y vivienda, aunque en el fondo tampoco creen que esto sirva para nada. Otra muestra de resignación, yo diría que de derrotismo.
Aciertan cuando dicen que no podemos fiar la recuperación exclusivamente a la reforma laboral. Y aciertan porque si miramos las estadísticas, en España se ha creado empleo no cuando ha habido flexibilidad en la contratación, sino cuando la economía funcionaba bien. La legislación laboral no es más rígida ahora que antes, sino todo lo contrario. Lo que pasa es que antes, a pesar de la rigidez, la bonanza económica permitía superar esta carencia estructural.
Pero ellos ponen el acento en la presión fiscal y en la creación de empleo para salir de la crisis. Esta teoría se la he oído a Miguel Sebastián: como la economía son ciclos, el estado debe gastar cuando hay crisis para recuperar cuando se recupera. Este es el debate del huevo y la gallina, el empleo y la economía.
¿Priorizar la creación de empleo no es una huida hacia delante, un autoengaño similar a la de gastar el dinero que no se tiene? ¿No será que los empresarios no contratan porque hay tales rigideces que despedir les hipoteca, pues no pueden ajustar su mano de obra a la demanda, y esto genera el círculo vicioso del desempleo? ¿Qué mecanismos de flexibilidad tienen las pequeñas y medianas empresas de este país como alternativa al despido, que por cierto, está tasado en 45 días con carácter general –y no 20 como demagógicamente ha afirmado Toxo-¿. Tampoco se puede decir que los salarios no son inflacionistas. Que le pregunten a los empresarios el efecto conjunto de los incrementos vinculados al IPC y superiores a él con los deslizamientos de la antigüedad.
Ciertamente, el debate no se puede limitar a la reforma laboral. Tan opresivo o más que la rigidez normativa es la limitación a la financiación. O el perfil competencial y la escasa disposición a la flexibilidad de algunos colectivos. Sería un error quedarse en la cosmética de atacar sólo este ángulo, y generar conflictos sociales cuando el país está a un paso del default. Pero crear las mejores condiciones para animar a la contratación y disponer de margen para adaptar los recursos de la empresa a los movimientos del mercado es una obligación, una necesidad y una responsabilidad.
Menuda combinación de problemas estructurales y coyunturales sobre los que parece que se ha perdido el control: la tormenta perfecta.

La huelga de los controladores de AENA


Cuando falla el principio de autoridad, las personas son capaces de comportamientos caprichosos hasta la extravagancia.
El plante, que no la huelga, de los controladores de AENA, ha sido calificada estos días de muchas maneras, pero el calificativo que me parece más apropiado es la de insensata.
Cuando los tiempos de las decisiones económicas trascendentales de este país están siendo manejados desde fuera, ofrecer al mundo esta imagen de opereta propia de un país sin credibilidad es insensato.
Cuando necesitamos aprovechar el más mínimo resquicio de actividad económica, atentar contra la movilidad de cientos de miles de ciudadanos es insensato.
Y utilizar uno de los puentes más largos del año para hacer altavoz de las reivindicaciones colectivas no es insensato sino estúpido, al no ver que la batalla de la opinión pública estaba perdida de antemano, como desde hace tiempo les pasa a sus primos los pilotos. Sí, es tan estúpido que parece como si hubieran caído cándidamente en una trampa maquiavélica.
Ciertamente es difícil encontrar dos colectivos que hablen tan mal de sus empresas, suelen demostrar un odio directamente proporcional al peso de sus nóminas. Pregúntale a un piloto o a un controlador por sus condiciones, y saltará como un resorte con un discurso lastimero. Recuerdo que una vez viajé en un avión con un marinero que iba a las Malvinas a pasar seis meses metido en un barco y me contaba cuál iba a ser su vida en los siguientes meses. En comparación, el marinero sería capaz de darles una y mil lecciones de dignidad.
En la raíz del problema parece estar el debate del creciente agravio que los empleadores hacen al tratar de atentar contra sus derechos laborales. Hablando de derechos, adquiridos y fosilizados parecen ser entendidos como términos sinónimos para este tipo de colectivos, a quien alguien debería explicarles cuál es nuestro puesto en el ranking mundial de la productividad. Por otra parte, sí que son maestros en la gestión de la escasez (de su nicho de mercado laboral) en su favor, como Tim Harford describió en su libro El economista camuflado.
Este conflicto permite identificar a unos culpables (los controladores) que sin embargo no eclipsan a los responsables. Políticos y directivos que prefieren ponerse mil veces amarillos que una colorados, han alimentado durante muchos años el caldo de cultivo, cediendo (o concediendo) condiciones pagadas como la pólvora del Rey en una dinámica perversa. Cuando un derecho se utiliza como arma arrojadiza (y además este derecho genera unos beneficios claros sobre la media de los demás a quien dispone de él), pasa a llamarse privilegio. Y ya no es lo mismo: se pierde cualquier atisbo de razón.
Y que nadie diga que algo así no se veía venir: a la ley de huelga le sustituyen decretos de militarización, sin que hasta el momento nadie se lleve las manos a la cabeza, probablemente por efecto de la anestesia colectiva.
Pero la duda que me queda, de verdad, es relativa a la seguridad: puesto que supongo que nadie le pone a esta pobre gente una pistola en el pecho para ir a trabajar (bueno, ahora sí), pienso en qué manos estoy cuando cojo un avión, pues si estas condiciones laborales tan lamentables son capaces de generar tanta ansiedad, qué estragos no estará haciendo la responsabilidad de trabajar teniendo tantas vidas humanas en sus manos.

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