La Reforma Laboral, o el huevo o la gallina

El mismo día que han sido convocados por Mariano Rajoy, antes de su investidura, Cándido Méndez y Toxo han ofrecido un desayuno informativo en el Foro Europa al que he tenido la suerte de poder asistir.
Como parece que el estilo gallego se va a instalar en la política, no han sido nada explícitos ni en las intenciones ni en las expectativas con las que iban a acudir a la reunión.
Pero al menos sus respectivos discursos nos dan un indicio de por dónde pueden ir las cosas de cara a lo que puede pasar en materia de reforma laboral en los próximos meses.
Los dos han hecho un diagnóstico a mi juicio bastante sombrío de la situación. Motivos e información para ello deben tener. Vaticinando recesión, cuando hasta el sector exportador está en horas bajas, viene a decir, hay pocas barreras para la caída libre.
Tan pesimistas estaban que han anunciado que están dispuestos a hablar con un gobierno de derechas sobre reforma laboral sin líneas rojas. Nada convencidos de que sea necesario hacer cambios en el marco laboral ni en la negociación colectiva, han dejado caer que por ellos no va a quedar.
Anuncian que están dispuestos a prorrogar el acuerdo que permite la moderación salarial (a ver si sus organizaciones lo aplican) a cambio de políticas de contención de precios en energía, alimentos, transporte público y vivienda, aunque en el fondo tampoco creen que esto sirva para nada. Otra muestra de resignación, yo diría que de derrotismo.
Aciertan cuando dicen que no podemos fiar la recuperación exclusivamente a la reforma laboral. Y aciertan porque si miramos las estadísticas, en España se ha creado empleo no cuando ha habido flexibilidad en la contratación, sino cuando la economía funcionaba bien. La legislación laboral no es más rígida ahora que antes, sino todo lo contrario. Lo que pasa es que antes, a pesar de la rigidez, la bonanza económica permitía superar esta carencia estructural.
Pero ellos ponen el acento en la presión fiscal y en la creación de empleo para salir de la crisis. Esta teoría se la he oído a Miguel Sebastián: como la economía son ciclos, el estado debe gastar cuando hay crisis para recuperar cuando se recupera. Este es el debate del huevo y la gallina, el empleo y la economía.
¿Priorizar la creación de empleo no es una huida hacia delante, un autoengaño similar a la de gastar el dinero que no se tiene? ¿No será que los empresarios no contratan porque hay tales rigideces que despedir les hipoteca, pues no pueden ajustar su mano de obra a la demanda, y esto genera el círculo vicioso del desempleo? ¿Qué mecanismos de flexibilidad tienen las pequeñas y medianas empresas de este país como alternativa al despido, que por cierto, está tasado en 45 días con carácter general –y no 20 como demagógicamente ha afirmado Toxo-¿. Tampoco se puede decir que los salarios no son inflacionistas. Que le pregunten a los empresarios el efecto conjunto de los incrementos vinculados al IPC y superiores a él con los deslizamientos de la antigüedad.
Ciertamente, el debate no se puede limitar a la reforma laboral. Tan opresivo o más que la rigidez normativa es la limitación a la financiación. O el perfil competencial y la escasa disposición a la flexibilidad de algunos colectivos. Sería un error quedarse en la cosmética de atacar sólo este ángulo, y generar conflictos sociales cuando el país está a un paso del default. Pero crear las mejores condiciones para animar a la contratación y disponer de margen para adaptar los recursos de la empresa a los movimientos del mercado es una obligación, una necesidad y una responsabilidad.
Menuda combinación de problemas estructurales y coyunturales sobre los que parece que se ha perdido el control: la tormenta perfecta.
